lunes, 19 de marzo de 2012

SEREMIS DE BIENES NACIONALES DE BACHELET ERAN CASI TODOS DELINCUENTES

Por José G. Martínez Fernández.

No paramos de sorprendernos.
Al comienzo advertimos, por problema propio, que el Seremi de Bienes Nacionales de la Región de los Lagos, CLAUDIO VILLANUEVA URIBE, designado por Bachelet era UN HAMPÓN que robaba propiedades para darlas a sus partidarios y cercanos.
Pero el hampón-Seremi de la época de la citada Presidenta no sería el único.
Habrían otras autoridades designadas por Bachelet que son ahora requeridos y buscados por la justicia.
ANTONELLA SCIARAFFIA, nombrada Intendenta de Tarapacá por Bachelet, y antes SEREMI DE BIENES NACIONALES...es buscada por la POLICÍA.
Ni INVESTIGACIONES ni CARABINEROS han dado con su paradero, aunque su detención se ordenó en enero.
Han pasado más de dos meses y NADA.
¿Por qué la policía no busca en casas de los otros SEREMIS DE BIENES NACIONALES desigandos por los gobiernos de la Concertación?
Ya se sabe que cuando ella robaba, como robó VILLANUEVA URIBE y otros, lo hacían para favorecer a los gobiernos de los mafiosos?
¿No sería nada de raro que la RATA de la DESGRACIA CRISTIANA estuviera fondeada por sus ex-colegas?
En ESTO NO TIENE NOMBRE hace ocho días salió que un EX SEREMI DE BIENES NACIONALES, también de la Concertación, no pagaba los dineros que descontaba para previsión a los trabajadores que laboraban en sus escuelas.
Esa es la calaña de sujetos que nombraron los Presidentes que Chile tuvo durante la Concertación, ente tan podrido como el fascismo y el neofascismo derechista.

jueves, 8 de marzo de 2012

IRMA CUBILLOS: ¡RESPONDA USTED POR SU NEGLIGENCIA!

Hace ya 16 días que vengo reclamando por un problema de cobro injusto. Injusto porque se basa en una fuga de agua, la que parte hace más de un mes, pero que fue constatada por mí hace 16 días, ya que yo no me encontraba en mi departamento. Después de ese reclamo, vía fono, nada se hizo. Sólo una boleta con un cobro de $ 12.800, siendo que al estar desocupado el departamento el cobro base era menos de $ 600.
La raíz del problema doña IRMA CUBILLOS, lo supe hoy por una persona de ESSBIO que fue a ver porque se mueve la aguja de mi medidor sin hacer consumo, es porque USTED mandó a instalar un medidor para el departamento 203, medidor que está al lado del mío. Pues bien, días después empezóa a fluir agua desde el suelo cercano a mi medidor. Sólo me enteré de eso, al verlo.
Allí hice mi primer reclamo. Le reitero: hace 16 días.
Durante un año, desde marzo del año pasado, hasta ahora, el departamento sin ocupantes, pagaba el mínimo, menos de $ 600 mensuales.
Revise la historia del consumo y verá lo cierto que es ello.
El agua que fluye desde el espacio de mi medidor surge después que USTED MANDÓ A INSTALAR EL MEDIDOR para el departamento 203.
USTED tranquilamente hizo su tarea SIN PREOCUPARSE QUE QUIEN INSTALÓ ESE MEDIDOR lo dejara en buen estado y no pasar a dañar el mío que está a diez centímetros de él.
USTED ES RESPONSABLE DEL ALTO COBRO QUE SUFRÍ y de todos los gastos de locomoción ($ 2.000 hoy y otros miles por llamadas y otros, además del tiempo perdido) para venir a ESSBIO de Gamero para que me solucionen el problema...el que persiste.
ES ESTO UNA VERGÜENZA.
Yo no sé si don JORGE LESSER GARCÍA, Presidente de Essbio, sabe esto...pero de ser necesario le escribiré denunciando su negligencia. O le escribiré a algunos de los directores de ESSBIO. Y les enviaré las notas que aparaezcan en diferentes medios.
Es increíble que ESSBIO, empresa de capitales canadienses, no haga un análisis del perfil responsable de su personal.
YO NO PARARÉ EN ESTAS DENUNCIAS. No pararé doña IRMA CUBILLOS.
Seguiré denunciando este hecho hasta cuando no se me repare todo el daño causado por su irresponsabilidad IRMA CUBILLOS.

José G. Martínez Fernández.
Cronista en más de diez diarios digitales y blogs.

Avda. El Sol 1258, Depto. 303.
RANCAGUA.

miércoles, 7 de marzo de 2012

ESBBIO: LOS ROBOS CONSUMADOS A TRAVÉS DE LOS CONTRATISTAS

Por José G. Martínez Fernández.

Es increíble, pero hay trabajadores que se prestan para robar a sus semejantes.
Ocurre en Rancagua.
Escurre agua, se desperdicia el agua.
Un medidor cerrado marca...Es decir cobra, en otras palabras: ROBA.
Todo parte cuando ESBBIO ordena a sus contratistas ir a colocar un medidor en un departamento que durante años no lo tuvo por deuda impaga...
Los trabajadores de la contratista colocan el medidor, perfecto; pero al hacerlo dañan la cañería del medidor vecino y así el departamento que tenía su mediodor cerrado, empieza a marcar, a cobrar, a robar...
Se llama a la compañía de agua.
Estos van a reparar.
El medidor que no consumía agua está con la aguja detenida: sin cobro.
Se abre la llave y empieza a girar el medidor y el agua escurre, moja la tierra y parte del cemento.
Es decir, vuelve a marcar, pero no sólo el consumo de agua que corresponde, sino también la que se pierda.
¡Qué grupo de estúpidos fue a areglar el desaperfecto!
La cuenta sumará agua no consumida.
Así ESSBIO de RANCAGUA puede serguir ROBANDO.
Ya llegó una cuenta de más de 12.000 pesos.
Mientras que el consumo, al no existir, debiera ser menos de 600 pesos.

(Esta denuncia -si no hay solución- se publicará en diarios digitales y en más blogs como éste y se hará llegar el reclamo a www.siss.gob.cl)

Rancagua, Chile, 07 de marzo de 2012.

viernes, 27 de enero de 2012

Marxismo y Peronismo: Reforma, Revolución y Movimientos de Liberación Nacional

Por Raúl Isman y Adrián Carlos Corbella
"Ni calco ni copia, sino creación heroica".
José Carlos Mariétegui.

Hace aproximadamente un siglo y medio Karl Marx analizaba en “El Capital” (y en otras obras económicas, sociales y políticas) las insalvables contradicciones que corroían al sistema capitalista. Postulaba, en lo central, que esas contradicciones llevarían al orden burgués (necesariamente) a la ruina, bajo la forma de crisis económicas inevitables; que provocarían, a su vez, sucesivas situaciones y crisis revolucionarias. Y que además dicho proceso comenzaría lógicamente por los países centrales, porque en ellos la sociedad capitalista había llegado más lejos. El capitalismo sería sucedido por el socialismo (face inicial), un nuevo modo de producción que, cuando lograra una plena igualdad política, social y económica y expandiéndose por todo el orbe podría ser llamado comunismo (etapa superior). Pero en rigor semejante proceso sólo podría darse en formaciones económicas avanzadas o- por llamarlas ad usum de los años ’90- del primer mundo; en las que se hubiere completado lo central de las tareas burguesas. Dichas tareas resultaban precondición inevitable y necesaria de la revolución proletaria y eran en lo central:
a) Desarrollo de una economía capitalista industrial y avanzada, signo inequívoco que en tal país la clase burguesa se había hecho con el poder económico. Y ligado a lo anterior y desde lo político
b) La creación de un estado nacional, base política correspondiente a la soberanía de dicha clase social. Tales son las tareas propias correspondientes al horizonte correspondiente a la revolución que Marx denominó burguesa.
Hemos glosado, en un apretado y rápido resumen, la teoría de Marx, un analista brillante del sistema capitalista y un profeta de la revolución (proletaria y comunista) que nunca ocurrió. Pero por cierto que la práctica histórica concreta resultó muy distinta a lo previsto en las teorizaciones previas. En principio digamos que uno de los errores o fallas más notorios en las elaboraciones marxianas reside en su mirada general sobre el mundo, notablemente eurocentrista. Son muy escasas las referencias en su obra a la situación colonial (que sufrían al menos tres cuartas partes de la humanidad) y llega a afirmar que el imperialismo ingles asume posturas y rasgos revolucionarios… ¡al conquistar la India! En nuestra opinión, la contradicción imperialismo-nación (o pueblo) asume una centralidad mayor que el enfrentamiento burguesía-proletariado, naciente de la lucha de clases propia del modo capitalista de producción. Por aquellos años, esta última lectura de la realidad mundial (llamada clase contra clase por la tercera internacional) dejaba fuera la comprensión de la problemática en la mayor cantidad de países del orbe y resultaba exótica a los ojos de las masas habitantes en lo que aún no se denominaba tercer mundo. Semejante falla u olvido en la concepción de Marx no puede obviarse para construir una interpretación de casi dos siglos de movimiento obrero y luchas populares en todo el orbe. Puede decirse que la elaboración del autor de Das Kapital es una teoría de la revolución en los países capitalistas avanzados, lo cual puede fundamentarse con diferentes referencias en su obra. La “entrada” de los pueblos del mundo periférico a la “historia” sólo puede ser facilitada por la venia de la avanzada Europa; sea por vía de la burguesía (la colonización británica en la India) o porqué la revolución proletaria en el occidente industrial permitiere a la arcaica Rusia saltar etapas históricas en su desarrollo.

Reforma, revolución
y otras cuestiones

En diversas épocas de la historia y durante las distintas sociedades de clases existieron reformadores de la sociedad. Se trataba centralmente de núcleos críticos (o diletantes) del bloque de clases que ejercía el poder real en sus respectivos tiempos. Tales reformadores intentaban modificar los aspectos más agresivos de la sociedad; a efectos de continuar, por otras vías, la misma dominación. Desde los Gracos y Julio Cesar en la antigüedad romana hasta diversas herejías en los tiempos bajomedievales son ejemplos de la orientación descripta. La literatura italiana inmortalizó una orientación y una época con el célebre personaje Don Fabrizio Corbera, Príncipe de Salina, protagonista de la famosa novela “Il Gatopardo” de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. El noble novelado de marras era antepasado del autor y melancólicamente pontifica acerca de la necesidad de realizar transformaciones cosméticas para mantener lo esencial del status quo. Se lo puede leer en la obra literaria citada y ver en la magnífica recreación cinematográfica dirigida por el gran Luchino Visconti.
La cuestión se diversifica con el advenimiento de los tiempos modernos; en los que las reformas sociales pasaron a ser mester de filósofos y utopistas, soñadores de mundos ideales, no necesariamente anclados con clases y actores sociales realmente existentes. Y por otra parte asume mayor complejidad con el vasto movimiento cultural denominado ilustración; ya que- al decir de Antonio Gramsci- se trata de una verdadera internacional intelectual de la revolución burguesa. Pero presta ministros y funcionarios de todo tipo a monarquías escasamente progresistas. Y dejemos sentado que con la ilustración la idea de progreso comienza a ser visto como un valor de alcance universal; es decir deseable para todas las personas. Hasta allí progresismo y reformismo parecían ser términos intercambiables o identificables uno con el otro. Poco después comienzan a autonomizarse. Por cierto que la revolución iniciada en Francia en 1789 pone a prueba el significado de todas estas etiquetas (progresista, reformista, revolucionario, que no estaban aún muy difundidos en las ciencias sociales); ya que en principio la común oposición al antiguo régimen unifica a girondinos (burguesía moderada, “reformista”) con jacobinos (ala izquierda de la misma clase, “progresista”) y “revolucionarios” sans-cullotes y rabiosos (que pueden ser llamados en nuestro léxico actual ultraizquierdistas). Es más, la revolución francesa acuñó el propio vocablo revolución para el lenguaje político. La filósofa alemana Hanna Arendt diferencia tal transformación de las que se produjeron en etapas anteriores; para las cuales reserva el término cambio de las cosas (mutatio rerum, en latín en el original). Y fue precisamente en la Francia revolucionaria donde nació el concepto de revolución comunista, cuando en 1799 se desencadenó la conspiración de los iguales. Tales “primitivos” comunistas no eran más que jacobinos insatisfechos con los límites burgueses de la revolución. Una famosa frase de algunos confabulados, tomar el cielo por asalto, hizo historia en la literatura, las ciencias sociales y el lenguaje de la agitación social y política. Continuador de aquellos primeros revolucionarios comunistas fue Augusto Blanqui (1805-1881). Luego de la revolución parisina de 1848 quedan claramente delineadas dos orientaciones opuestas: la recién referida y la que impulsaba Louis Blanc (1811-,1882), consistente en acceder al gobierno (no al poder) para realizar reformas; no transformar radicalmente la economía y la sociedad, como anhelaban Blanquí y sus seguidores.
Karl Marx observaba los debates referidos y muchos más; al tiempo que participaba en las luchas revolucionarias. Su obra no deja de ser una larga reflexión sobre los citados debates en diálogo con la experiencia histórica del movimiento obrero y comunista. Pero si bien el autor nacido en Tréveris reivindicaba una condición científica para “su” socialismo y una carácter radical para la revolución obrera y comunista para la cual militaba, jamás desconoció que diversas fuerzas reformistas (los sindicatos ingleses, los socialistas alemanes, los demócratas franceses; por ejemplo) eran retoños “del palo”; es decir agrupamientos integrantes de una misma familia (o movimiento). No puede ser más contrastante su actitud con, por ejemplo, la posición de los partidos Trotskistas de la Argentina; que se caracterizan no sólo por la agresión verbal constante (que no puede confundirse con la verdadera crítica) hacia las posiciones reformistas, si no también por verdaderas guerras discursivas a lo interno de las propias sectas troskosáuricas; enfrentadas entre si por cuestiones tan acuciantes para las sufridas masas laboriosas como cual de ellas es la verdadera guardiana de la sagrada ortodoxia troska.

La revolución rusa:
¿especificidad nacional o modelo universal?

Los vericuetos de la historia hicieron que la primera revolución exitosa se diera en Rusia, país que distaba mucho de ser una formación social con un capitalismo más avanzado y perfeccionado. La Rusia de 1917 apenas si había comenzado un tímido proceso de industrialización. Por añadidura, el crecimiento de un espacio manufacturero obedecía más a la acción de un modernizador ministro reformista, que al crecimiento de una clase burguesa con capacidad de disputar el poder contra la altiva y parasitaria aristocracia y contra la propia autocracia zarista. Por otra parte, Rusia dependía financieramente de Francia, e industrialmente de Inglaterra, Alemania y Francia. Las oprimidas zonas asiáticas del Imperio eran coloniales y claramente “subdesarrolladas”.
Por todo ello en el Partido Obrero Social Demócrata Ruso las posiciones se dirimían alrededor del carácter de la revolución en Rusia; es decir que revolución era posible en el país de los Zares. Hubo una fracción, denominada Mencheviques, que postulaba una fase necesaria de revolución burguesa, para que recién allí fuere posible una trasformación con objetivos socialistas. Lenin- dirigente de la fracción bolchevique- planteaba que la revolución era posible en Rusia pese a sus aspectos económicos, sociales y políticos atípicos, de acuerdo a los cánones marxistas más arriba descriptos. Rusia, según los Bolcheviques y particularmente su calvo dirigente, debía transitar un proceso revolucionario que era esquematizado bajo la fórmula dictadura democrática de obreros y campesinos. Desde semejante enunciado se afirmaba las clases sociales mayoritarias, explotadas y oprimidas que pudieren resultar sujeto de la transformación; al tiempo que, por omisión, quedaba fuera de la alianza social revolucionaria la impotente burguesía rusa. Así las elaboraciones de Lenin (y Trotski) supieron hacer una creativa lectura de la realidad y no una copia de esquemas muertos. En palabras de José Carlos Mariátegui, “creación heroica y no copia”. Y de este modo Rusia abandonó el capitalismo durante 70 años, logro sortear la invasión y el bloqueo de diversos países, pudo repeler la invasión nazi y disputar contra E.E.U.U. la hegemonía mundial durante los complejos tiempos de la Guerra fría (1945-1991).
Digamos que la revolución rusa significó además un desgarramiento entre las dos tradiciones que conformaban el movimiento obrero y socialista. La nucleada en la segunda internacional (reformista) y el nuevo conglomerado mundial que paso a llamarse la Komintern (Internacional Comunista). La formación de está última significo que la ruptura aparecida con la primer guerra mundial se ahondó hasta volverse definitiva; no sin tétricos resultados para los trabajadores, como demuestra la caída de Alemania bajo el nazismo en 1933. Además, la revolución rusa no fue analizada por los núcleos de la tercera como resultado de una excepción histórica, sino como la norma exclusiva que debería transitar todo proceso transformador en el orbe entero y a la cual deberían amoldarse revoluciones y revolucionarios. A ello contribuyeron la conducción del Partido Comunista de la U.R.S.S. y ciertas elaboraciones de la tercera internacional, como las veintiún condiciones de ingreso, que presentaba el modelo bolchevique como camino exclusivo y excluyente y que cada sección debería impulsar en cada país. Pero sin dudas que resultó un acierto el reconocimiento de la cuestión colonial y nacional, plasmado en diversos documentos. Luego de Marx , el mundo periférico resultaba visible, auspiciosamente, en las elaboraciones teóricas y en la práctica política del movimiento comunista internacional transcurridas casi cuatro décadas de la muerte del filósofo de Treveris. Casi contemporáneamente, en diversos países de América Latina, nacían los debates que dieron por resultado la aparición de la corriente denominada izquierda nacional; que intentaba servirse del marxismo para alumbrar la comprensión de la realidad de nuestro continente y no que la propia realidad fuere constreñida a adecuarse a los cánones de un dogma fosilizado.

El epicentro revolucionario del siglo XX se desplaza hacia
el sur tercermundista

Además de Rusia, casi todos los países que hicieron en el siglo XX revoluciones eran formaciones económicas periféricas, no industriales, llamados luego de 1945 tercermundistas, coloniales o semicoloniales. Por fuera de cómo se presentaron discursivamente, se trató de luchas por crear estados nacionales que no podían ser tales por causa de la opresiva presencia imperialista.
Uno de los mejores ejemplos es China; que enlaza su revolución con la lucha contra la fragmentación feudal (los señores de la guerra) y la presencia imperialista en las grandes ciudades. Durante la segunda guerra la lucha se dirige contra la invasión japonesa, y en un largo proceso revolucionario se liquida la dependencia semicolonial respecto a Europa, Japón y Estados Unidos, logrando crear- a partir de la gran revolución de 1949- su primer estado realmente nacional durante los tiempos modernos. Hoy queda sólo el nombre de las intenciones comunistas del partido de Mao, pero China es una formación estatal que disputa en pie casi de igualdad con el resto de los principales país del orbe.
Otro caso es Yugoslavia, un país periférico de Europa, arrasado por los vendavales de expansionismos varios, y claramente “balcanizado” antes y después de la revolución dirigida por Josip Broz (Tito), que al igual que en la patria de Mao pudo lograr por primera vez en toda su historia un estado nacional digno de llamarse de este modo. A la muerte del líder y fundador, su construcción fue liquidada por la presión conjunta del imperio norteamericano y los europeos.
Vietnam hace su revolución, mientras lucha por echar a los invasores japoneses y a potencias coloniales o neocoloniales como Francia y Estados Unidos. La realidad social en la patria de Ho-Chi-Min en la actualidad no es muy distinta a China. Pero las negociaciones con el capital internacional se hacen desde la existencia de un estado nacional soberano.
En Cuba, existía un agregado a la constitución, la Enmienda Platt, que permitía a E.E.U.U. intervenir en la isla cada vez que quisiere y ello puesto en el propio texto constitucional. La revolución que se inicia con la intrépida y audaz expedición del Granma tiene un claro objetivo de independencia nacional y las grandes trasformaciones sociales son posteriores a la primitiva afirmación patriótica. Mas cerca en el tiempo, Nicaragua era parte del “Patio Trasero” en su definición más plena. E inclusive se le puede quitar la condición de patio de los E.E.U.U. En todos los casos que hemos balanceado sumariamente, la revolución fue centralmente un proceso de liberación nacional. Las transformaciones sociales que se dieron fueron en gran medida posteriores a la creación del referido estado independiente. Por otra parte se trató incluso de una política que completó o concretó la organización estatal de marras.

Las izquierdas vernáculas:
liberación nacional e incomprensión intelectual (y política)

En todas estas revoluciones con apariencia de “socialistas”, “marxistas”, “comunistas”, el proceso de cambio social fue acompañado de un proceso de “liberación nacional”, de ruptura de lazos coloniales o semicoloniales. Es que resultaba una precondición de cualquier iniciativa a favor del bienestar popular que se rompieren los lazos que ataban a cada país con el imperialismo. Fueron revoluciones “internacionalistas” (parte general del proceso de liberación de los pueblos). Y a la vez fueron revoluciones “nacionales”. Todas integraron ambos procesos, a su estilo, y en distinta medida. En nuestra opinión, resulta decisivo este segundo componente nacional o independentista.
La izquierda latinoamericana, en general, y la argentina, en particular- con escasas y honrosas excepciones como el peruano Mariátegui o el argentino Ugarte- adolecieron, y aún adolecen, de graves dificultades para comprender la marcha de las transformaciones sociales y la simple realidad empírica. Por ello, no podían advertir cómo en esas revoluciones socialistas lo “internacionalista” se fusionaba con aspectos de indudable contenido “nacionalista”, que eran parte de un proceso de liberación nacional. La causa fundamental era el rígido ideologismo padecido por los cenáculos izquierdistas; que los conducía a cuestionar a la impoluta realidad por el grave pecado cometido por ésta, consistente en no adecuarse a sus ensueños teóricos.
Las ideas socialistas y anarquistas llegaron a la Argentina con los inmigrantes europeos. Y, como los europeos tendían a concentrarse en algunas áreas muy definidas (Buenos Aires, Sur de Santa Fe con Rosario como eje) que se europeizaron profundamente, pudieron transplantar sus fuerzas políticas originadas en el ámbito europeo al nuevo continente no sólo sin realizar ninguna adaptación: también sin pensar en las nuevas condiciones en que desenvolverían su acción. De modo que para anarquistas y socialistas no había diferencias entre países imperialistas y periféricos a la hora de encarar la lucha por la transformación social. Su punto de partida implicaba desconocer el profundo carácter condicionante y distorsionante que el imperio tenía sobre nuestras sociedades.
El Partido Socialista, fundado en 1896 por Juan B. Justo y otros dirigentes, era una fuerza pensada para resultar similar y confluyente con los partidos análogos del mundo industrializado. Es decir, se creó bajo una concepción eurocentrista. Había no obstante diferencias muy sensibles: en Europa el socialismo ganó, en general, muy rápidamente al movimiento obrero. Aquí, el escaso desarrollo industrial contribuyo a que la inserción de la creación justista se focalizara en destacamentos de clases medias pobres y trabajadores calificados. El proletariado industrial era una minoría en el océano de los sectores populares de un país semicolonial.
Discursivamente el socialismo en la Argentina se paró en los arrabales de su casi contemporánea U.C.R.: cuestionaba la corrupción y no el modelo económico agroexportador; llegando a la “incomprensible” apología del libre cambio; en lugar de impulsar la defensa de la industria nacional por medio de medidas proteccionistas (que daría por resultado el incremento social de las fuerzas del movimiento obrero). En nuestra opinión existían dos causas para que resulte inteligible la extraña orientación. A saber:
a) La no comprensión (o si se prefiere radical incomprensión) de la cuestión nacional. De hecho, el P.S. fue un ala izquierda del imperio antes que una fuerza anclada en la comprensión de las necesidades, sufrimientos y la propia historia del pueblo argentino.
b) Por otra parte, el partido- al asumir las posiciones anti-protección industrial- refrendaba de hecho su interés e intención de representar centralmente a las capas medias consumidoras; más que a la totalidad del pueblo argentino.
Esta fuerza hacía aquí similares cuestionamientos a los que hacían sus partidos hermanos europeos, pero con un desdén extraño hacia nuestro país: llamaban despectivamente política “criolla” a lo propio de la nuestra sociedad. Quizás por esto mismo nunca pudieron ingresar a la Argentina profunda, criolla, latinoamericana, ni entender sus problemas; a sus habitantes los socialistas les resultaban “extranjeros”. Se autocolocaban además en un extraño sitio de superioridad moral. Conciente o inconcientemente participaban del modo oligárquico de relacionarse con el sustrato popular de nuestra sociedad; al cual negaban. Por ello no puede extrañar que el emerger del verdadero proletariado argentino- el 17 de octubre de 1945- fuera visto por el Partido Comunista codovilleano como la salida a la superficie de los lumpen, a los cuales dichos “comunistas” se proponían para reprimir.
La izquierda que había nacido en tiempos pre-peronistas asumió como propio todo el profuso aparato armado en lo cultural e ideológico por parte de la oligarquía terrateniente y su creación, el Estado liberal de la Organización Nacional. Digamos a modo de ejemplo que el historiador cuasi oficial hasta los años ’80 del Partido Comunista Argentino, Leonardo Paso, era tan mitrista que, a su lado, podría pasar hasta un columnista de La Nación como revisionista del ala ligada a la izquierda. Por otra parte, ni socialistas ni comunistas cuestionaron al Modelo Agro-exportador, ni lo denunciaron como mecanismo de dominación neocolonial. En dichas fuerzas aparecía de modo desvergonzado y ridículo las desviaciones que hemos referido líneas arriba, es decir, plantearle al pueblo un esquema extraño, exótico y extranjero de revolución, al cual era imperioso amoldarse. Por ejemplo, la petulancia del P.S. al analizar muestra sociedad viró muy rápidamente en complicidad con el golpe del ’30. O el P.C. llamando a desarrollar… soviets de obreros y campesinos… en la Argentina, consigna tan imbricada en la realidad como la esperanza de otra secta izquierdista varias décadas después en la llegada de extraterrestres para favorecer la revolución proletaria. Tampoco hubo críticas para con el Estado europeizante que renegaba de todo aquello que oliera a “criollo”, “nacional” o “latinoamericano”. Tomar como propio- sin atisbo ninguno de polémica crítica- el arsenal cultural de la oligarquía terrateniente significa la rotunda y radical incomprensión por parte de dichas fuerzas del problema nacional.
Socialistas y comunistas profesaban una admiración sin límites hacia figuras como Rivadavia y Sarmiento, íconos del liberalismo; los veían como “progresistas”, por su anticlericalismo, su laicismo, los aportes del sanjuanino a la educación y su oposición a los resabios “feudales”. Pero aquellos mentados (reales o imaginarios) ademanes progresistas no alcanzaban a ocultar el rol vasto e inestimable de los mencionados “próceres” en la construcción de un orden neocolonial, ni sus vinculaciones con los imperios; a los cuales tomaban acríticamente como modelos: Rivadavia a los piratas british, Sarmiento (profético) a los E.E.U.U.. Por ende no podían comprender que una Argentina atada al diseño de la división internacional del trabajo diseñada por los países centrales no podría desarrollar todas sus potencialidades. Es decir; el ABC de la cuestión nacional. Por ello, nunca entendieron que la Argentina, a diferencia de Inglaterra, Alemania, E.E.U.U. Italia o Francia, era un país periférico, neocolonial, donde cualquier lucha “social” debería ser paralela a un combate por la “liberación nacional” y por la integración de las dos Argentinas: la Argentina “europea”, tributaria y derivada de la ciudad puerto y del Estado liberal, escenografía monumental pero frágil, y el otro país profundo, con sus bases demográficas y culturales criollas y latinoamericanas, a las que Scalabrini Ortiz llamaría años después “el subsuelo de la patria (sublevada)”.
Por eso, cuando comenzaron a principios del siglo XX las discusiones acerca de la necesidad de aplicar un modelo proteccionista de la industria incipiente que había en el país económico, el socialismo se embanderó con el librecomercio en defensa de los “derechos de los consumidores”, sin entender que de lo que se hablaba era de medidas para lograr una mayor independencia económica, es decir, medidas “descolonizantes”. Es que una sociedad que depende de los suministros externos en bienes manufacturados se halla condicionada fuertemente por tal dependencia. Así, socialistas y comunistas se transformaron en el “ala izquierda” de esa Argentina europeísta y liberal, y fueron quedando cada vez más descolocados cuando esta gran estructura comenzó a desmoronarse y estalló luego de la gran crisis.
Lo ocurrido luego del famoso jueves negro en octubre de 1929 sólo podía resultar asombroso para observadores incautos. El aparatoso edificio de la Argentina liberal, europea y agroexportadora ya había entrado en crisis varios años antes del (primer) Centenario. Síntoma de tal crisis era la conflictividad social que obligó a la oligarquía a abandonar los devaneos reformistas y promulgar las leyes de Residencia y Orden Social. Represión por los “cosacos” de Ramón Falcón y Estado de Sitio fueron el rostro sin máscaras del estado liberal. Por otra parte, la U.C.R.- que significó la pinza política para debilitar al orden oligárquico y que accedió con Hipólito Yrigoyen a la presidencia por primera vez sin fraudes- demostró su incapacidad e inconsecuencia para conducir un proceso de liberación nacional. Durante las huelgas ocurridas durante la primer presidencia de Yrigoyen la represión superó en saña, violencia, masividad e ilegalidad a los terribles tiempos de Falcón.
Además, la Primera Guerra Mundial y en mucha mayor medida la crisis del ’30 estimularon cierto nivel de industrialización por sustitución de importaciones, proceso que se vio acompañado por un éxodo rural que hace entrar en contacto tangible y físico a las dos Argentinas: la Argentina “europea” de las áreas portuarias y la más latinoamericana del Interior. Pero el elemento que dio el golpe de gracia al orden oligárquico y su estado liberal y europeizante en gran medida provino desde el exterior, con los cambios que acompañaron al reemplazo de Inglaterra por Estados Unidos como poder dominante en el mundo. Es que la rubia Albión tenía una economía complementaria con la nuestra; mientras que la de E.E.U.U. competía por vender productos agropecuarios en el mercado mundial. Argentina se había especializado económicamente para ser “socio” de Inglaterra, para venderle carne, trigo, lana y cuero a cambio de sus bienes industriales, Cuando comienza el ascenso de Estados Unidos, nosotros no podemos redirigir nuestras exportaciones hacia el nuevo sol mundial, por la simple razón de que ellos eran productores de esos mismos bienes.
En esta Argentina surge el peronismo, emerge “el subsuelo de la patria sublevada”, como diría Raúl Scalabrini Ortiz, como si de una erupción volcánica se tratase. Es un movimiento que une todo aquello dejado afuera, ocultado, invisibilizado, por la “Organización Nacional”. Y levanta banderas de liberación nacional, que van, desde la integración de esas dos Argentinas que habían marchado paralelas, hasta el rechazo al vínculo neocolonial con Inglaterra y la resistencia a establecer un nuevo vínculo colonial con los Estados Unidos.
El lema “justicia social, independencia económica, soberanía política” hace clara referencia a estas cuestiones, a esta lucha por la liberación nacional y por definir una “Nueva Argentina”, alejada de aquella escenografía europeísta.
Y si bien el peronismo tenía contradicciones ideológicas muy fuertes (y las tiene hoy, y probablemente las seguirá teniendo) los partidos de izquierda se quedaron en el análisis de ese perfil ideológico y no lograron entender el carácter de “movimiento de liberación” que el peronismo asumía. Así, rechazaron al peronismo, lo acusaron de nazi-fascismo (otra vez, aplicar categorías extrañas, elaboradas en otras latitudes que no podían ni rozar la comprensión del nuevo movimiento). En su ensoñación de conducir a un proletariado cuasi virtual se pusieron en la vereda de enfrente de la clase obrera real y junto a los enemigos del pueblo y de la nación. Confundiendo la Argentina de 1945 con la Europa ocupada y arrasa por el hitlerismo, declararon que las masas obreras del 17 de Octubre eran multitudes de facinerosos y desclasados, y cerraron filas con las demás fuerzas de la Argentina europeísta: socialistas, comunistas, radicales, demoprogresistas y conservadores, clases medias y oligarcas; todos unidos en la Unión Democrática, a la que apoyaban el Partido Comunista (es decir, la URSS) y la gran conductora del aquelarre: la embajada de los Estados Unidos que buscaba sentar las bases del dominio norteamericano sobre el país. Durante los dos primeros mandatos de Perón, el nuevo movimiento realizó diversas síntesis en lo ideológico. Primero, en su conformación interna mezclando distintos orígenes políticos para dar lugar a una nueva identidad. Y también de los debates que nosotros glosábamos líneas arriba: en nuestra opinión carece de significatividad la polémica reforma-revolución. Las realizaciones de los dos primeros períodos del fundador- incuestionablemente favorables al pueblo- serían analizadas como procesos reformistas por una mirada marxista libresca. Pero si se analiza la situación de la economía nacional, los beneficios para los trabajadores, la capacidad de intervención estatal y la autonomía de la nación toda contra el orden capitalista mundial ¿Caben dudas que se trató de una revolución (nacional y popular)?
El peronismo, por supuesto, no está exento de sus coloridas y trágicas contradicciones: cuando olvida su rol de movimiento de liberación nacional (durante la nefasta década de los ’90) se transforma apenas en una fuerza de centro-derecha con rasgos populistas, una suerte de conservadurismo de masas. Pero son esas etapas las que permiten a los progresistas blandos, alardear de rumbos avanzados que sólo son posibles discursivamente cuando el gran barco justicialista orilla fuertemente a estribor. Los tiempos actuales son largamente elocuentes acerca de ciertas fuerzas, comunicadores, intelectuales y otras personalidades que cuando el Kirchnerismo coloco al peronismo a la izquierda, quedaron irremediablemente soldados a su derecha, y mostraron su verdadero rostro. Sólo cuando el movimiento creado por el coronel sonriente y la siempre joven Eva recupera la memoria y pone en primer lugar la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, se convierte en la columna vertebral de la larga marcha de la patria hacia su liberación. Entonces se da la mano con otras fuerzas, claramente de izquierda y se convierte en el único progresismo posible y existente. Lo mismo que decíamos poco antes puede afirmarse de los tiempos K: se trata de un gobierno reformista, dirían con más o menos petulancia los cultores del marxismo libresco. Pero cerremos los ojos y evoquemos la Argentina durante los ’90 y hasta el 2003. ¿No es revolucionario que nuestro país integre la vanguardia de los gobiernos que batallan por la segunda independencia continental, que los organismos de derechos humanos tengan la recepción que logran en el actual gobierno, que los trabajadores hayan revertido el sometimiento patronal impuesto por el neoliberalismo, por citar sólo algunas cuestiones destacables? De modo que dejemos para revolucionarios de papel la disquisición acerca de si reforma o si revolución y vamos a sumergirnos de lleno en la militancia para que la consigna nunca menos se transforme de hecho en siempre más (a favor del pueblo y de la patria).
Este otro peronismo, seguramente el más genuino, el peronismo corrosivo, el peronismo disruptor, el que se remonta a Eva, al 17 de octubre (y que integra en síntesis de hecho las luchas obreras previas) que se nutre de la experiencia de la Resistencia, el de Cooke y el Perón de discurso tercermundista, el de La Tendencia y el camporismo, el del Grupo de los 8, el Frente Grande y el MTA, conduce claramente al kirchnerismo: la etapa superior del peronismo.
Gran parte de la izquierda tradicional ha realizado la autocrítica de sus errores en el ’45 (dos fracciones del P.C., algunos destacamentos del P.S). Otras, por el contrario, han tenido demasiadas dificultades para diagnosticar la realidad, no pueden comprender donde se hallan los enemigos históricos de la nación y del pueblo y mucho menos vincular los cambios sociales con el proceso de liberación nacional.
Por sus inocultables virtudes y pese a sus evidentes defectos el peronismo, se ha transformado en el eje inevitable de cualquier proceso de cambio social en la Argentina. Lo fue. Lo es. Y, posiblemente, lo seguirá siendo por mucho tiempo.

sábado, 17 de diciembre de 2011

JAIME MILLÁN STUVEN Y CLAUDIO VILLANUEVA URIBE: LOS CORRUPTOS DE LA SEREMÍA BIENES NACIONALES DE PUERTO MONTT

En el artículo anterior publicado en nuestro Blog BIENES NACIONALES MAFIOSO y varios más, denunciamos el descubrimiento –luego de un catastro realizado por el MINISTERIO DE BIENES NACIONALES- de actos corruptos realizados por funcionarios y ex funcionarios del mismo organismo fiscal.

TENGO EL ORGULLO DE HABER SIDO YO QUIEN HAYA ESTREMECIDO A DICHO MINISTERIO A TRAVÉS DE LAS CONSTANTES DENUNCIAS EJECUTADAS POR DIARIOS DIGITALES, CANAL 13 Y MIS BLOGS, LUEGO QUE LAS HICIERA LLEGAR A DICHO MINISTERIO Y EL MISMO SE ENTERARA POR SÍ MISMO.

Tengo la alegría de haber conseguido que, AL FIN, se haya partido por “limpiar” las oficinas de tal Ministerio y de sus Seremías.

Fue así como se detectaron irregularidades en que se encontraron que 759 INMUEBLES DEL ESTADO, sólo en la Región Metropolitana, no pagaban arriendos y dividendos, lo que significó que dicho aparato gubernamental pidiera la renuncia de algunos funcionarios del citado Ministerio involucrados en dichos casos.

Pero obvio era que no sólo en la Región Metropolitana se produjera ello, sino que también en diversas regiones de Chile, sumando los inmuebles ocupados sin pago alguno una cantidad mayor a los 1.500.

Ello llevó al Ministerio a presentar esos antecedentes al Consejo de Defensa del Estado (CDE) el miércoles 7 de diciembre reciente.

Aún hay que investigar mucho más para aclarar todos los delitos cometidos por funcionarios y ex funcionarios del MINISTERIO DE BIENES NACIONALES.

Los funcionarios corruptos que serán despedidos serán más y ellos, junto a los que ya lo fueron, deben ser enjuiciados no sólo civilmente, sino que penalmente y castigados como se debe: es decir DEBEN IR A LA CÁRCEL.

En el mismo artículo señalé que yo mismo quise ser sobornado por funcionarios de la Seremía de Puerto Montt. Eso ocurrió a fines de octubre de 2007 en la oficina del abogado de dicho órgano, Jaime Millán Stuven, quien me dijo que lo hacía en nombre del entonces Seremi Claudio Villanueva Uribe y de Neftalí Carabantes, Subsecretario del Ministerio.

Todo ello para que no continuara el escándalo que produje al denunciar el “saneamiento” (robo) de dos de mis propiedades en los medios señalados.

Lo que me dijo Millán era que yo no fuera a demandarlos como me lo propuso la abogada Pamela Callejas de la Comisión Defensora Ciudadana, órgano del mismo gobierno que designó a todos los funcionarios antes señalados.

Esa carta de la Comisión Defensora Ciudadana fue publicada en éste y otros Blogs.

Millán me señaló que podíamos llegar a un acuerdo y que de ello había conversado con el Seremi Claudio Villanueva Uribe y el Subsecretario Carabantes y que en relación al problema que me causaron (“saneamiento” para ellos; robo, para todos) se me podía entregar una propiedad en Puerto Montt o algún lugar de la Región de los Lagos, que equivalieran al valor que yo había pagado por ambas casas y los gastos causados; que la Seremía podía realizar dicho acto. Es decir: Una especie de permuta.

No acepté…porque era un acto inmoral y –vía tribunales- quise aclarar tan extraño “saneamiento”…

Hoy existe demanda contra el CDE por el robo de mis dos casas en Llanquihue y allí el mismo CDE se ha enterado de nuestra denuncia, de los papeles firmados por Villanueva y Carabantes ordenando el “saneamiento”, de las cartas de Callejas y de la ex Ministra Schmidt señalando el camino que debía seguir (acción legal para recuperar mis bienes); de las escrituras con las propiedades a mi nombre y otros documentos adosados a la demanda.

Si Millán me señaló que Claudio Villanueva Uribe y Neftalí Carabantes estaban dispuestos a entregarme una propiedad fiscal para evitarse un juicio significa que esos señores han de haber cometido otros ilícitos similares o parecidos.

Yo le pido a la actual Ministra del ramo –Sra. CATALINA PAROT- que pida a la justicia investigar a los nombrados: Millán, Villanueva, Carabantes e incluso a la ex Ministra Romy Schmidt.

ESTOY DISPUESTO A CONCURRIR A TRIBUNALES PARA DAR CUENTA DEL INTENTO DE SOBORNO QUE VIVÍ Y ENFRENTARME CARA A CARA A JAIME MILLÁN STUVEN.

martes, 6 de septiembre de 2011

FELIPE CAMIROAGA FERNÁNDEZ AÚN ESTÁ VIVO

Por José G. Martínez Fernández.


Ha muerto un hombre bueno. Un hombre sensible, solidario y que siempre supo mirar y criticar la injusticia.
Ha muerto el animador de Televisión Nacional de Chile FELIPE CAMIROAGA FERNÁNDEZ.
Su risa, su alegría, su ternura NO MORIRÁN.
En un país donde hay millares de miserables, justo aquí muere FELIPE...
Pero no.
FELIPE CAMIROAGA FERNÁNDEZ seguirá viviendo. Es un INMORTAL.
Por el solo hecho de ser cómo él fue es ello.
¿Por qué no se mueren los asesinos, violadores, traficantes y ladrones desde la época de Pinochet hasta Piñera?
No. Tenía que morirse un hombre bueno.
FELIPE CAMIROAGA FERNÁNDEZ vivirás eternamente en el cielo de Chile.

Junto a ti, también queremos recordar a otros ser íntegro. Al periodista ROBERTO BRUCE.

miércoles, 31 de agosto de 2011

NOTAS: LA ESCRITORA ESCILDA GREVE Y SU ENTORNO

por Luis Barbieri.

En algún lugar dejé prestado dos libros. Ejemplares de poesía y que hoy me pesa no tenerlos. Uno del escritor Guillermo Trejo y “De silencio a silencio” de la escritora Escilda Greve. Ella puso una notita para mí en la primera hoja. Fue la primera vez que alguien lo hizo y a pesar de estar ajado por su continua lectura agradecí el obsequio emocionado. Era el verano del 74

A la señora Escilda la recuerdo en una actitud siempre jovial. Era delgada, con su pelo sin tintura y que a veces recogía con un moño. Por las tardes venía a los talleres vistiendo falda amplia, fresca y de tonos claros. Su voz tenía una inflexión amable y familiar, como si siempre se le hubiese conocido. Hablaba como maestra. Mujer extremadamente solidaria, en especial con un sin número de poetas y pintores anónimos a los que ella ayudó de forma desinteresada. En algunos casos fue el motivo de algún allanamiento por parte de la policía de investigaciones a su casa. Y sé que alguna vez no cobró el arriendo de algunos de los talleres que funcionaban en su propiedad. Era de un carácter fuerte, pero permanecía respetuosa de las ideas y de la persona. Defendía con inteligencia y fervor su pensamiento, en especial al escribir. “Sin los ripios del adjetivo y si era necesario, nunca utilizarlo al final de un verso”. Iba por las tardes a visitarnos al fondo de su casa, a los talleres-habitaciones que ella daba en arriendo a pintores, escultores, músicos y artesanos en cuero y madera.

Su casa estaba en la calle Compañía a dos o tres cuadras antes de llegar a la popular calle Matucana. Ubicada en el antiguo barrio cívico de Santiago. Todavía en aquel tiempo, el sector guardaba, en su deteriorada arquitectura algún brillo, un aire de ese esplendor que tuvo a principios del siglo 20. Era una casa grande y larga. Con dos gruesas columnas a la entrada. En las primeras habitaciones y donde sus ventanales daban a la calle, las ocupaba ella con su marido. A él le decían “el Galo” y se ganaba la vida pintando telas al óleo. Admiraba a Dalí y lo copiaba. Un día en que tuve que entrar a su taller, vi terminada una reproducción del pintor español.

La entrada tenía una puerta grande de dos hojas y una mampara interior con vidrios hasta la mitad y que siempre permaneció abierta. La chapa de la puerta tenía una maña para girar la llave y abrir. También a modo de timbre se usaba un cordelillo de algodón que aparecía por un pequeño orificio a la calle. Éste al tirarlo con fuerza recorría todo el largo pasillo sujeto a unas argollas de alambre hasta hacer sonar el “timbre” que finalmente era un fierro colgando, dentro de un balde de hojalata. Después de cruzar las primeras habitaciones a través de un largo y sombrío pasillo, éste se ampliaba en la mitad de la propiedad generándose un pequeño patio de luz en donde la señora Escilda cultivaba algunas plantas de jardín y también criaba perros finos en un canil y que más tarde se vendían “a la gente rica”. Después se continuaba por el mismo pasillo hasta llegar a un patio grande, que por ambas orillas y se alzaban en dos pisos los talleres habitaciones. Durante la mañana la casa permanecía en silencio. Se caminaba casi en puntillas. Sabíamos que todos dormían hasta pasado el medio día por el trasnoche de los talleres.

Ella gustaba de compartir con sus arrendatarios. En uno de los talleres del primer piso vivía Edulio. Pintor, escultor y profesor universitario. Un hombre de una basta cultura y notable inteligencia. Tomaba té de bolsita importado con pan de molde. Tenía la manía de abrir la bolsa del pan y sólo comer un par de láminas y el resto me lo regalaba. Un año después salio al exilio. A Francia, después de pasar preso seis meses, en el centro de detención de cuatro álamos. Uno de sus “alumnos” lo denunció por hacer un comentario sobre economía contrario al gobierno. Dos años antes, había ganado el primer premio para realizar la escultura que se iba a instalar en la entrada de la universidad Técnica del Estado. Ocurrió el golpe de Estado y nunca se llegó a ejecutar la obra ni él hizo el viaje a Hungría como premio.

Vecino a Edulio se encontraba Aguayo. Él hacía tallados en maderas de primorosos acabados. Un hombre de unos 60 años de edad, culto y de modales y decir distinguido. Más joven había salido a vender sus trabajos en ferias internacionales. Pero en ese tiempo, enseñaba dos veces a la semana, ramos alternativos a los alumnos de la Universidad Católica. Puso un letrero en su taller que decía” El hombre y el árbol se conoce por su veta”. Su niñez fue feliz, la vivió en la ciudad de Talca junto a los Alessandri. El fundo de su padre y el de don Arturo eran vecinos y además eran socios fundadores del Banco de Talca. Guardaba en un rincón de su taller una obra del pintor Benito Rebolledo. Era una tela de 1mt x 1,5mt aproximadamente, en donde aparecía retratada de pie su familia. El catálogo de los obras del pintor indicaba que fue el único retrato hecho en esas dimensiones por el artista. Él señalaba, que tenía la esperanza de encontrar un interesado que pagara lo que valía el cuadro. Eso era su única cuenta de ahorro. Aguayo decía de su amiga “La Escilda es mamá en poesía, es doña escritora, se maneja con el idioma. Ella es de la época de la Gabriela y fue perseguida por sus diferencias con ella. Fíjate que ahora vienen de Europa a buscar sus libros, porque aquí nunca la han reconocido por su manera de pensar”.

Una vez la señora Escilda, me hizo encaramarme en el entretecho de su casa para sacar unos libros suyos. Había cajas de cartón repletas de sus primeras publicaciones, de libros que olían enmohecidos. Ahí estaban ocultos todos sus libros. En esa ocasión llegaron de incógnita “personas de Holanda” buscando llevarse unos ejemplares suyos a Europa. Fue una época sombría en que nos prohibimos a si mismo pensar en voz alta. Hablar un asunto político, incluso frente a gente conocida, que ya era considerado grave, era exponerse a ser delatado y detenido por los servicios de seguridad.

Ella pasaba gran parte su tiempo en su habitación Se encerraba a leer o escribir hasta altas hora de la noche. También lo hacía por las tardes y en algún rato salía al patio como para descansar. Para estirar las piernas. Aprovechaba de revisar su crianza de perros y también de conversar un rato con los arrendatarios. Preguntaba por todo. Gustaba de enterarse de los detalles, del quehacer de los pintores y artesanos. Como también de sentarse al lado; fuera de los talleres de segundo piso. “Aquí está mejor el sol”, decía. Recuerdo el día en que leyó uno de mis versos en una hoja suelta de cuaderno. Se sentó fuera del taller de Claudio y lo examinó con mucha atención, como si yo fuese una persona importante. Dijo que leyera mucha poesía. Había días en que desaparecía de la casa. “Anda fuera de Santiago o invitada no sé en que parte”, se decía. Pero Aguayo nos apuntaba “Ya va andar por aquí la Escilda”. Él sabía que los primeros días del mes iba presentarse a cobrar los arriendos. Ese dinero era al parecer su mayor entrada para vivir. Años después encontré a Aguayo en una feria artesanal de Viña. Estaba anciano. Casi no tallaba la madera por el reuma en sus manos. Dijo que había llamado Edulio desde Francia. Que echaba de menos Chile, la universidad y su taller. Que comía con las clases de pintura que hacía para niños en Francia.

El violento terremoto del año 85 en Santiago dejó la casa de Escilda Greve inutilizada. Quedó en la calle. Fue entonces que la Sech organizó una cruzada dentro de sus socios para ir en ayuda de ella. En ese momento el escritor, periodista y premio Municipal de Santiago, Guillermo Trejo no hallo mejor forma de ayudar, que llevársela a vivir a su propia casa, en la calle California N° 65 de la comuna de Providencia. La conocía de oídas y sólo intentaba ayudar a una mujer en desgracia. Sin saber en ese momento “la magnitud de mujer y escritora que ella era”. La instaló al lado de su oficina en el segundo piso. Allí tuvo una habitación pequeña pero confortable en medio de la familia del escritor. Mirando hacia la calle California, en el segundo piso, se ubicaba su oficina, su estudio. ”Mi biblioteca y sala de reunión con los amigos”, decía Guillermo Trejo. Ahí había un amplio y ordenado escritorio color caoba con dos cómodos sillones al frente para las visitas. Además, de papeles y documentos sobre la cubierta, tenía un libro grande como una ”contabilidad Americana” en donde él, llevaba un registro de teléfonos y direcciones de todos los escritores del mundo que él conocía.

Me dijo: “Ahí donde usted está, se sentaba la señora Escilda a discutir de literatura conmigo”. Eso se extendió casi un año. Dijo que en principio no concordaban con la señora Escilda. Pero ella no cedía en sus planteamientos. Al final de todas esas largas y entretenidas conversaciones y que a veces llegaban hasta altas hora de la noche, nació un libro: “Los Mugrientes”. En agradecimiento a su amistad y a ese tiempo compartido. El que está dedicado en la primera página a la señora Escilda. “Este libro tiene su esencia. Lo escribí después de una etapa, de haber meditado las conversaciones con Escilda y cambiar de viejo, mi manera de ver algunas cosa”. Al tiempo le avisaron que su casa ya estaba reparada y que ya podía volver a ocuparla, pero don Guillermo y su familia no quisieron que se fuera y le pidieron que se quedara con ellos hasta el fin de año. Esas fiestas las pasaron juntos. Cenaron en familia y hasta se organizaron entre ellos, entregándose pequeños regalos de navidad en los que ella participó con entusiasmo. Ella estuvo feliz. Y hasta se emocionó disfrutando la comida y la conversación en un ambiente íntimo y familiar. Tenía 69 años.

Recuerdo que en los primeros días de septiembre del 87 llovía sobre Santiago. Y fue la última vez que hablé con ella, fue por teléfono. Su número me lo entregó Guillermo Trejo. Vivía sola, estaba ciega y con muchas ganas de conversar. Por el teléfono público del terminal la oí recordar la década del setenta y los amigos que ya no estaban. Conservaba su memoria intacta. Tuvo palabras de aprecio y cariño para Guillermo Trejo y su familia. Me pidió que la visitara cuando estuviera de nuevo en Santiago. Volví a Calama y nunca más la vi.